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ARTICULACIONES ENTRE SALUTOGÉNESIS Y DESVIACIÓN POSITIVA PARA UN MARCO
TEÓRICO - CONCEPTUAL INTEGRADO EN LA NUTRICIÓN COMUNITARIA ANDINAVol. 17 Número 1 2026
ABSTRACT
RESUMEN
Articulations between salutogenesis and positive deviance for an integrated
theoretical–conceptual framework in Andean community nutrition
ARTICULACIONES ENTRE SALUTOGÉNESIS Y DESVIACIÓN POSITIVA PARA UN MARCO
TEÓRICO - CONCEPTUAL INTEGRADO EN LA NUTRICIÓN COMUNITARIA ANDINA
(1) MEDYSTAD, Riobamba, Chimborazo, Ecuador.
(2) Universidad Estatal de Milagro, Ecuador.
(3) Escuela Superior Politécnica de Chimborazo, Ecuador.
(4) Escuela Superior Politécnica de Chimborazo, Ecuador.
Autor de correspondencia:
T. Nicolalde, nicolaldecifuentes@icloud.com
Background: Salutogenesis (SAL), developed by Aaron Antonovsky between 1979 and 1987, and the Positive Deviance (PD) approach,
operationalized by Jerry and Monique Sternin in the 1990s, represent two influential perspectives in health promotion and public health.
Both frameworks share a common orientation toward understanding the factors that generate health and explain why certain individuals or
communities achieve favorable outcomes despite adverse socioeconomic and environmental conditions. Objective: This theoretical-conceptual
article pursues three objectives: (1) to examine the conceptual foundations of salutogenesis and positive deviance within their respective
theoretical traditions; (2) to identify the principal convergences and complementarities between the two frameworks; and (3) to propose
an integrative model (SAL-PD Model) for application in community nutrition, particularly in settings characterized by high rurality and ethnic
diversity, such as the province of Chimborazo, Ecuador. Core Argument: Within the proposed framework, salutogenesis provides the theoretical
foundation through its central constructs—the Sense of Coherence (SOC) and Generalized Resistance Resources (GRRs)—while positive deviance
contributes a participatory research-action methodology for identifying and mobilizing successful locally derived practices. The integration
of both perspectives offers a conceptual basis for understanding and strengthening health-promoting behaviors in vulnerable populations.
Originality and Contribution: The article proposes a theoretically coherent integration of salutogenesis and positive deviance, highlighting their
complementary explanatory and methodological contributions. The resulting framework is intended to support the design, implementation,
and evaluation of community-based nutritional interventions aimed at addressing chronic child malnutrition (stunting) in Andean Indigenous
communities. Implications: Potential implications for research, professional training, and public policy in nutrition and health promotion are
discussed, with particular attention to culturally relevant and community-centered approaches in resource-constrained settings.
Keywords: salutogenesis; positive deviance; sense of coherence; community nutrition; stunting; Indigenous communities; health promotion; Chimborazo.
Antecedentes / Marco teórico: Aaron Antonovsky forjó el concepto de salutogénesis (SAL) entre 1979 y 1987; Jerry y Monique Sternin operacionalizaron
el enfoque de Desviación Positiva (DP) en 1990. Ambos constituyen dos de las corrientes más influyentes en la teoría contemporánea de la salud
pública. Desde una óptica epistemológica compartida, ambos convergen hacia la misma orientación fundamental: en lugar de preguntar qué causa
la enfermedad, indagan sobre qué genera la salud y qué permite que ciertos individuos o comunidades prosperen aun en condiciones adversas.
Objetivo: Este artículo teórico-conceptual propone tres premisas principales: (1) examinar los fundamentos conceptuales de cada marco en su debida
especificidad; (2) identificar las convergencias de carácter estructural y complementariedades teóricas que los vinculan orgánicamente; y (3) proponer
un marco integrador — el Modelo SAL-DP — aplicable a la nutrición comunitaria en contextos de alta ruralidad y diversidad étnica, con especificidad
a la provincia de Chimborazo, Ecuador. Marco propuesto / Argumento central: Dentro de este marco integrador, la salutogénesis (SAL) provee la
arquitectura teórica que sirve de eje explicativo — a través del Sentido de Coherencia (SOC) y los Recursos de Resistencia Generalizados (GRRs) —
mientras que la Desviación Positiva (DP) aporta la metodología de investigación-acción para identificar y transferir esos elementos a prácticas locales
exitosas. Originalidad / Postura epistémica: No se busca una yuxtaposición ecléctica teórica, sino una síntesis genuina que sea teóricamente coherente,
reconocible en el Handbook of Salutogenesis, y directamente aplicable a la desnutrición crónica infantil (stunting) en comunidades indígenas andinas.
Implicaciones: Se discuten también las implicaciones para la investigación, la formación profesional y la política pública en salud nutricional.
Palabras claves: Chimborazo; comunidades indígenas; desviación positiva; nutrición comunitaria; promoción de la salud; salutogénesis; sentido
de coherencia; stunting.
ARTÍCULO DE REVISIÓN Historial del artículo: Recibido: 06/05/2025 · Aceptado: 19/06/2026 · Publicado: 25-07-2026
https://cssn.espoch.edu.ec
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Tomas Marcelo Nicolalde Cifuentes ⁽¹⁾
Angélica María Solís Manzano ⁽²⁾
Valeria Alejandra Andrade Moncayo ⁽³⁾
Santiago Marcelo Nicolalde Gonzalez ⁽⁴⁾
CORREO@edu.ec
CORREO@edu.ec
CORREO@edu.ec
CORREO@edu.ec
DOI: https://doi.org/10.47187/cssn.Vol17.Iss1.505

100Tomas Marcelo Nicolalde Cifuentes, et al.Vol. 17 Número 1 2026
¿Qué causa la enfermedad? Esta pregunta, de
carácter patogénico, constituyó la base sobre la
cual la salud pública del siglo XX fue construida
predominantemente; y, ciertamente, produjo
avances extraordinarios en la identificación de
factores de riesgo, el control de enfermedades
infecciosas y, finalmente, el diseño de intervenciones
de carácter preventivo. Pero su lógica posee un
límite; y este radica en que, al concentrarse en la
carencia y el déficit, tiende a generar intervenciones
más orientadas a eliminar lo negativo que a
fortalecer lo positivo. La biomedicina del riesgo
continúa preguntándose, aun hoy, qué vulnera, mas
no qué protege o qué sostiene la salud.
Hasta que, aproximadamente a partir de
mediados del siglo XX, comenzó a emerger un
proceso de profunda reflexión que planteó
una pregunta, digamos, un tanto alternativa:
- ¿Qué hace que las personas permanezcan
saludables?
- ¿Qué recursos, prácticas y orientaciones
permiten que algunas comunidades
prosperen donde otras, simplemente, no lo
logran?
Dos corrientes de pensamiento, como lo son la
salutogénesis de Aaron Antonovsky y el enfoque
de Desviación Positiva (DP), desarrollado por Jerry
y Monique Sternin (Pascale et al., 2010; Sternin &
Sternin, 1997), constituyen, quizás, las expresiones
más elaboradas de esta reorientación, o más bien,
de esta recontextualización del problema.
Tal afinidad aparece incluso sugerida en una de
las obras canónicas de referencia del campo, The
Handbook of Salutogenesis(Mittelmark et al.,
2016), donde se reconoce explícitamente que
el enfoque DP posee un potencial significativo
para orientar procesos de investigación-acción
destinados a explorar los vínculos entre los
recursos de resistencia, el sentido de coherencia
y la salud.
¿Y qué contexto empírico motiva y aterriza esta
discusión teórica? La respuesta se encuentra en
la desnutrición crónica infantil en la provincia de
Chimborazo, Ecuador, uno de los territorios con
mayor prevalencia de retraso en talla (stunting)
en América Latina, con cifras alarmantes que
superan el 50 % en comunidades rurales indígenas
(Freire et al., 2022; Roche et al., 2017). A pesar
de décadas de intervenciones, principalmente
1. Introducción fundamentadas en paradigmas deficitarios, la
persistencia del problema continúa; y ello se
convierte en justificativo suficiente para explorar
marcos alternativos.
Es así que este artículo persigue tres objetivos
articulados: el primero, examinar los fundamentos
netamente conceptuales de la salutogénesis y
del enfoque DP en su debida especificidad; el
segundo, identificar aquel punto de convergencia
natural y estructural donde emergen sus
complementariedades teóricas; y, finalmente,
proponer un marco integrador (el Modelo SAL-DP)
junto con sus implicaciones para la investigación,
la formación profesional superior contemporánea
y las políticas de salud nutricional en la provincia
de Chimborazo, Ecuador.
La Salutogénesis y la anatomía de un Paradigma
Origen y Contexto Intelectual
¿Cómo podía ocurrir que mujeres expuestas
a uno de los episodios más traumáticos, y
ciertamente devastadores, de la historia humana,
conservaran aun ciertas formas de estabilidad
psíquica, equilibrio interno o capacidad de seguir
funcionando emocionalmente? Esa fue la pregunta
extraña, y a veces incómoda, casi improbable para
la epidemiología clásica, que se formuló el médico
y sociólogo israelí Aaron Antonovsky (1923-1994),
quien, formado profesionalmente en los Estados
Unidos, terminaría llegando a aquello que hoy
conocemos como salutogénesis, intentando
descifrar esta incógnita mediante una observación
empírica que, en cierto sentido, rozaba también
con lo filosófico.
Antonovsky encontró que, entre aquellas mujeres
sobrevivientes de los campos de concentración
nazis, un 29 % mostraba indicadores consistentes
de adaptación emocional positiva (Antonovsky,
1979). El concepto de salutogénesis (palabra
proveniente del latín salus (salud) y del griego
génesis (origen)) fue, precisamente, la respuesta
teórica ofrecida a una pregunta que los
instrumentos conceptuales dominantes de la
época parecían incapaces de responder. Había
allí una paradoja difícil de ignorar, ya que incluso
en territorios atravesados por el sufrimiento
extremo, la salud, de alguna manera, persistía.
Lo que Ramos Herrera y Cisneros García (2026)
caracterizarían décadas después como "a
fundamental paradigm shift from the traditional
pathogenic orientation" pues se estaba gestando,
todavía de forma intuitiva, en aquella observación
empírica de Antonovsky.

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La verdadera genialidad de Antonovsky consistió
en rechazar la dicotomía salud/enfermedad como
única categoría legítima de análisis; y, en lugar
de aquello, proponer el continuo ease/dis-ease,
concibiendo la salud no como un estado fijo,
sino como un desplazamiento permanente, una
oscilación inestable entre órdenes precarios. La
salud aparecía entonces menos como una frontera
y más como un tránsito; menos como una certeza
clínica y más como una navegación incierta a través
de grados variables de equilibrio y desintegración.
La formulación era deceptivamente sencilla en su
enunciado; el modelo, en palabras de Kenya et al.
(2026), "redefines health as a continuum between
ease (health) and dis-ease (illness), emphasizing
the human capacity to adapt, manage, and
find meaning in life's challenges" (p. 22). Todos
los seres humanos, bajo esta perspectiva,
nos encontraríamos ubicados en algún punto
intermedio de dicho continuo, desplazándonos
constantemente, aun sin advertirlo del todo.
De esta manera, la pregunta clínica y
epidemiológica relevante dejaba de ser aquella
que intentaba clasificar al individuo dentro de
una categoría rígida, casi burocrática, de salud o
enfermedad; y pasaba, más bien, a interrogarse
sobre cuáles son los factores que determinan el
sentido y la velocidad de su desplazamiento a lo
largo del continuo. El dispositivo teórico propuesto
para responder esa pregunta fue el sentido de
coherencia, constructo que, en el núcleo del
modelo, "helps one mobilise resources to cope
with stressors and manage tension successfully"
y, a través de ese mecanismo, determina el
movimiento del individuo a lo largo del continuo
(Mittelmark et al., 2022, p. 7). En otras palabras,
la cuestión fundamental ya no sería únicamente
por qué enfermamos, sino también (y quizás sobre
todo) por qué, incluso en circunstancias adversas,
algunos seres humanos consiguen no quebrarse
del todo (Antonovsky, 1987).
Los Recursos de Resistencia Generalizados
Antonovsky se había dado cuenta de que tanto los
individuos como las comunidades poseen en su
bagaje ciertos recursos que les permiten afrontar
los estresores de la vida cotidiana; y a estos los
denominó Recursos de Resistencia Generalizados
o GRRs. El término “generalizados” no apunta
necesariamente a algo abstracto o universal; más
bien, Antonovsky intentaba sugerir que existen
ciertos recursos que acompañan al sujeto a través
de distintas formas de adversidad, casi como una
suerte de equipaje invisible frente al desgaste
cotidiano de la existencia. Algunos son bastante
concretos y fáciles de reconocer (la alimentación,
cierta estabilidad económica, redes mínimas de
apoyo); otros, en cambio, resultan más difíciles de
delimitar con exactitud, ya que habitan territorios
menos cuantificables, como la identidad, la
religión, la cosmovisión compartida, los vínculos
afectivos o incluso aquella sensación (a veces
frágil, a veces decisiva) de pertenecer todavía a
una comunidad relativamente cohesionada.
Sin embargo, interpretar los GRRs únicamente
como atributos individuales sería simplificar
demasiado la propuesta de Antonovsky. Quizás
uno de los puntos más importantes de su
planteamiento, particularmente útil para pensar
el contexto andino, es que dichos recursos no
existen solamente dentro del sujeto aislado,
sino también en dimensiones comunitarias,
organizacionales y societales (Antonovsky, 1987;
Lindström & Eriksson, 2006). La salud, vista desde
esta perspectiva, deja entonces de depender
exclusivamente de la voluntad individual; y
comienza a relacionarse también con los tejidos
sociales, las memorias culturales compartidas y
aquellas formas colectivas de organización que
permiten amortiguar, aunque sea parcialmente,
el desgaste cotidiano de la existencia.
Ello resulta consistente con la caracterización que
ofrecen Mittelmark et al. (2022), quienes precisan
que los GRRs "arise from the cultural, social and
environmental conditions of living and early
childhood rearing and socialisation experiences"
(p. 108), una formulación que desindividualiza
el recurso y lo ancla en la estructura social
compartida.
El Sentido de Coherencia
El core del modelo propuesto por Antonovsky es
el llamado Sentido de Coherencia (SOC). Y, mucho
más que un concepto estrictamente psicológico, el
SOC parecería intentar describir algo bastante más
común y cotidiano y, al mismo tiempo, bastante
más difícil de definir con precisión; pues es aquella
sensación, a veces tenue pero persistente, de que
el mundo todavía conserva cierto orden o, quizás,
cierta lógica interna y, sobre todo, algún motivo por
el cual ha de seguir siendo habitado (con sentido).
Antonovsky (1987) observó que algunas personas,
incluso aquellas que son actores dentro de
escenarios particularmente adversos, conseguían
interpretar la realidad no como un caos absoluto,
sino como algo que todavía podía ser comprendido,
afrontado y, en el camino, dotado de algún sentido.

102Tomas Marcelo Nicolalde Cifuentes, et al.Vol. 17 Número 1 2026
El modelo gira alrededor de tres dimensiones
principales. La primera es la comprensibilidad,
que es la percepción que uno tiene de que aquello
que ocurre posee cierto grado de estructura y no
responde únicamente al azar. La segunda es la
manejabilidad, o aquella sensación de que existen
recursos capaces de ayudar al sujeto a enfrentar
y sortear las tensiones más diversas que la vida
cotidiana nos plantea. Finalmente aparece la
significatividad, relacionada con aquella idea
de que incluso el sufrimiento, el esfuerzo o la
dificultad pueden conservar algún tipo de valor
o sentido existencial, llamémoslo así. Antonovsky
parecía sugerir, en el fondo, que cuando una de
estas dimensiones se fractura demasiado, las
demás comienzan lentamente a deteriorarse
también. Comprender la realidad, pero no poder
sostenerla, conduce fácilmente a la impotencia;
mientras que actuar de manera constante sobre
una existencia percibida como vacía termina
desgastando incluso la mismísima voluntad de
continuar, de seguir adelante.
Hay algo interesante, también, que mencionaba
sobre el SOC, y es que no debe entenderse como
un rasgo fijo de la personalidad. Se construye
lentamente, a través de experiencias reiteradas
de tensión, adaptación y aprendizaje, razón por la
cual puede fortalecerse o debilitarse con el tiempo
(Eriksson & Lindström, 2014). No resulta extraño,
entonces, que la Organización Mundial de la Salud
haya incorporado la salutogénesis como uno de
los marcos relevantes dentro de la promoción
contemporánea de la salud, acuñando esto por
ahí en el 2016. Ya aterrizando todo esto en nuestra
realidad, la salutogénesis ha mostrado también
una notable capacidad de adaptación transcultural,
junto con asociaciones positivas respecto a la salud
percibida, el bienestar psicológico y la calidad de
vida en investigaciones desarrolladas en más de
49 países (Eriksson & Lindström, 2006).
La robustez de ese corpus empírico no ha hecho
sino consolidarse en la literatura reciente: Tušl et al.
(2024) sintetizan que el SOC constituye "an important
protective resource for health and well-being" (p.
293), algo verificable con notable consistencia a
través de décadas de investigación y contextos
poblacionales profundamente heterogéneos.
Sin embargo, la dimensión transcultural del SOC no
implica uniformidad de contenido. Aquello que una
comunidad percibe como comprensible, manejable
o significativo puede variar considerablemente
dependiendo del horizonte cultural desde el cual
la experiencia es interpretada.
Veronese et al. (2021), en un estudio cualitativo
realizado con proveedores de salud palestinos en
contextos de violencia política, documentan que
las "context-specific features of SOC can mobilize
generalized resistance resources" (p. 44) de
maneras culturalmente diferenciadas; argumento
que refuerza la necesidad de contextualizar
cuidadosamente el modelo antes de trasladarlo
hacia comunidades indígenas andinas.
El Enfoque de Desviación Positiva, El Tratar de
Encontrar Respuestas Propias
Genealogía del Concepto
Entre las décadas de 1960 y 1970 se desarrolló el
término desviación positiva de la mano de Marian
Zeitlin y sus colaboradores, quienes observaron
algo que, para los marcos tradicionales de
análisis, parecía casi una anomalía estadística:
en comunidades atravesadas por altos niveles de
desnutrición infantil existían, sin embargo, ciertos
niños que lograban mantenerse adecuadamente
nutridos aun perteneciendo a familias igualmente
pobres y que también estaban expuestas a los
mismos factores estructurales de riesgo (Zeitlin
et al., 1990). Había allí una especie de fisura o
ruptura de los paradigmas dentro de la regularidad
esperada; una pequeña excepción que obligaba a
replantear la pregunta tradicional. Si la pobreza
y la escasez afectaban a todos de manera
relativamente similar, ¿por qué algunos casos
conseguían desviarse, aunque fuese parcialmente,
del destino aparentemente previsto?
Los investigadores denominaron a estos casos
“desviantes positivos”: individuos que, dentro
de un contexto adverso compartido, alcanzaban
resultados significativamente mejores que
los esperados. La pregunta que emergió
posteriormente fue tan simple como profunda:
¿qué prácticas concretas distinguían a estas
familias?, ¿y era posible que dichas prácticas
pudieran circular, reproducirse o aprenderse
dentro de la propia comunidad?
La experiencia que transformó el concepto en
una metodología sistemática de intervención
tuvo lugar en Vietnam, a comienzos de la década
de 1990. Jerry Sternin, enviado por Save the
Children con el mandato de reducir la desnutrición
infantil en apenas seis meses y sin recursos
externos suficientes, desarrolló junto a su equipo
la primera Indagación de Desviación Positiva
(Positive Deviance Inquiry, PDI) formal. El principio
rector era deceptivamente simple: el enfoque
DP "assumes that solutions to problems are

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already available within the community" (Kassie
et al., 2024, Abstract), lo que significaba que la
intervención no traía respuestas desde afuera, sino
que las identificaba y las hacía circular dentro del
mismo sistema social que las había producido.
Pesando y midiendo a todos los niños menores
de cinco años en las aldeas seleccionadas, e
identificando a aquellos bien nutridos dentro
de las familias más pobres, el equipo descubrió
prácticas alimentarias poco convencionales, pero
notablemente efectivas. Las madres desviantes
positivas recogían camarones pequeños, cangrejos
y hojas de batata (alimentos localmente disponibles,
aunque culturalmente considerados inapropiados
para niños pequeños) y alimentaban a sus hijos tres
o cuatro veces al día, en lugar de limitarse a las dos
comidas habituales (Pascale et al., 2010).
El programa de rehabilitación nutricional comunitaria
PD/Hearth, surgido a partir de estos hallazgos,
produjo resultados particularmente notorios:
dentro del primer año, aproximadamente el 80 %
de los niños desnutridos participantes alcanzaron
un estado nutricional adecuado. Posteriormente,
la metodología fue adaptada e implementada en
más de 45 países (Marsh et al., 2004). La máxima
que suele sintetizar su filosofía es atribuida a Jerry
Sternin: "Es más fácil actuar hacia una nueva forma de
pensar, que pensar hacia una nueva forma de actuar"
(Pascale et al., 2010, p. 4), formulación que señala una
diferencia fundamental entre la educación nutricional
puramente informativa y aquella intervención basada
en prácticas comunitarias concretas y ya existentes.
Metodología de la Indagación de Desviación
Positiva
La PDI sigue una lógica metodológica relativamente
característica que comienza, antes que nada, con
la definición colectiva del problema junto a la
propia comunidad. A partir de allí, se identifica
la prevalencia del fenómeno y se delimitan
operacionalmente aquellos casos considerados
desviantes positivos, procurando controlar, en la
medida de lo posible, las variables de confusión
de carácter socioeconómico. Posteriormente,
las prácticas específicas son exploradas
mediante observación participante, entrevistas
y grupos focales, intentando rastrear aquellos
comportamientos cotidianos que, aun dentro
de condiciones adversas compartidas, producen
resultados significativamente más favorables.
Con base en dichos hallazgos, se diseñan
intervenciones sustentadas en las propias
prácticas locales identificadas, permitiendo que
la comunidad no solamente conozca determinadas
conductas, sino que pueda practicarlas,
incorporarlas y eventualmente reproducirlas
dentro de su vida cotidiana. Existe aquí una
diferencia importante respecto a buena parte de
los modelos clásicos de intervención social como
lo son el conocimiento no llega completamente
desde afuera ni desciende verticalmente desde
una institucionalidad técnica que pretende educar
a una población considerada carente; más bien,
emerge desde pequeñas prácticas ya existentes,
casi invisibles en un inicio, que terminan revelando
formas locales de resolución frente a problemas
igualmente locales. Finalmente, el proceso
incorpora mecanismos de monitoreo, evaluación
y diseño de estrategias de escalamiento que
intentan conservar cierta sensibilidad respecto al
contexto cultural y social específico en el cual la
intervención se desarrolla (Lapping et al., 2002;
Schooley & Morales, 2007).
En ese sentido, Hills et al. (2025) señalan que el
enfoque DP "enables communities to co-create
solutions that are culturally relevant and
contextually grounded" (Abstract). Y quizás allí
se encuentra una de las ideas más interesantes
del modelo: las respuestas no aparecen
completamente desde afuera, ni son impuestas
por alguna racionalidad técnica distante, sino
que ya existen, aunque dispersas y casi invisibles,
dentro de la propia comunidad. Especialmente
en territorios culturalmente heterogéneos, esto
resulta relevante; porque muchas veces las
soluciones más eficaces no son necesariamente las
más sofisticadas, sino aquellas que la comunidad
todavía puede reconocer como propias.
Un meta-análisis reciente realizado por Triatmaja
et al. (2023) confirmó que las intervenciones
basadas en el enfoque DP muestran mejoras en
los puntajes LAZ, WAZ y WHZ en niños menores
de cinco años, aunque la magnitud del efecto
suele variar dependiendo de la duración de la
intervención. Quizás esto último no resulte tan
sorprendente: las transformaciones vinculadas a
la alimentación, la crianza y la vida comunitaria
rara vez ocurren con rapidez. Los autores señalan
que la mejora del stunting (considerando su
naturaleza crónica, estructural y multifactorial)
requiere procesos sostenidos en el tiempo; y que
la corta duración de muchos estudios analizados
(con un promedio aproximado de apenas 12
días) podría estar subestimando el efecto real
de la metodología. En cierto sentido, esto último
parece recordar algo bastante evidente, aunque
frecuentemente olvidado por la lógica tecnocrática
contemporánea, las transformaciones reales

104Tomas Marcelo Nicolalde Cifuentes, et al.Vol. 17 Número 1 2026
dentro de una comunidad rara vez ocurren con
la velocidad administrativa que los proyectos
institucionales suelen exigir.
Evidencia en Contexto Andino
La evidencia empírica existente dentro
del contexto andino ecuatoriano resulta
particularmente relevante para el presente marco
de análisis. Schooley et al. (2016), por ejemplo,
evaluaron la efectividad de una intervención PD/
Hearth en comunidades rurales pertenecientes
a las provincias de Chimborazo y Tungurahua. El
estudio, de carácter cuasi-experimental, comparó
índices de malnutrición entre 80 pares madre/hijo
distribuidos en seis comunidades de intervención y
184 pares pertenecientes a nueve comunidades de
comparación con características socioeconómicas
relativamente similares.
Los resultados mostraron mejoras importantes
tanto en la diversidad dietética como en ciertos
indicadores de crecimiento infantil, contribuyendo
a la reducción de la prevalencia de bajo peso. Pero
quizás lo más interesante del estudio no radica
únicamente en sus resultados cuantitativos, sino
en el hecho de que lograba demostrar que ciertas
prácticas alimentarias exitosas ya existían dentro
de las propias comunidades rurales andinas, aun
en escenarios atravesados por pobreza estructural
y limitaciones materiales persistentes. De hecho,
los propios autores señalan que este constituye
uno de los primeros estudios en evidenciar la
efectividad del modelo PD/Hearth para mejorar
la dieta y el crecimiento en niños menores de dos
años dentro de los Andes ecuatorianos.
Complementariamente, Roche et al. (2017)
reportaron una prevalencia de stunting del 56.2
% en comunidades de altura de Chimborazo
y Tungurahua, identificando que prácticas
inadecuadas de alimentación complementaria
(particularmente la baja diversidad dietética y la
introducción tardía de alimentos de origen animal)
constituían factores de riesgo significativos para el
retraso en talla. Y quizás allí aparece nuevamente
una de las intuiciones centrales de la desviación
positiva; incluso dentro de contextos marcados
por limitaciones estructurales severas, continúan
existiendo pequeñas prácticas cotidianas que
consiguen producir resultados distintos a los
esperados. La cuestión, entonces, no sería
únicamente diagnosticar el déficit, sino también
identificar aquellas excepciones aparentemente
menores que permiten que ciertos niños
logren desarrollarse mejor que otros dentro de
condiciones relativamente similares.
Convergencias y Complementariedades: La
Síntesis Posible
Reconocimiento Académico de la Conexión
La vinculación entre la salutogénesis y el enfoque
de Desviación Positiva no constituye únicamente
una asociación especulativa o una coincidencia
conceptual superficial. Mittelmark et al. (2016)
señalan explícitamente, dentro del Handbook
of Salutogenesis, que mientras el modelo
salutogénico emerge como una formulación teórica
relativamente sólida y estructurada, el enfoque DP
se desarrolló más bien desde la práctica concreta y
la resolución empírica de problemas comunitarios;
y que, aun así, ambos comparten principios
profundamente emparentados. Existe, entonces,
una especie de afinidad subterránea entre ambos
marcos, como si cada uno terminara completando
ciertas limitaciones del otro.
Los autores sostienen que el modelo salutogénico
podría vigorizar la capacidad de acción del enfoque
DP, mientras que la Desviación Positiva, a su vez,
volvería más robusto al modelo salutogénico
cuando este es llevado hacia escenarios prácticos
de intervención (Mittelmark et al., 2016, p. 67).
Y quizás allí aparece uno de los puntos más
importantes para el presente ensayo, no se trata
simplemente de yuxtaponer dos modelos distintos
bajo una lógica acumulativa, sino de explorar la
posibilidad de una complementariedad mucho
más orgánica, donde teoría y práctica terminan
reforzándose mutuamente.
Desde el propio campo de la Desviación Positiva,
Mottershead et al. (2024) documentaron
empíricamente la emergencia de conductas
desviantes positivas dentro de una aproximación
salutogénica aplicada al estudio de veteranos
militares. Sus hallazgos muestran que un SOC
elevado puede actuar como mecanismo explicativo
de la desviación positiva individual; es decir, que
aquellos sujetos capaces de alcanzar resultados
significativamente más favorables dentro de
contextos adversos podrían ser comprendidos,
al menos parcialmente, como individuos con un
Sentido de Coherencia más robusto y con una
mayor capacidad de activación de GRRs. En cierto
sentido, este hallazgo termina funcionando como
un puente empírico entre ambos marcos teóricos.
Análisis Comparativo de los Marcos
La Tabla 1 sistematiza las convergencias y
diferencias entre los dos marcos en las dimensiones
más relevantes para su integración.

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La Complementariedad Teórica en Ambas
Direcciones
Lo que la salutogénesis aporta a la DP
El enfoque de Desviación Positiva posee una
enorme fortaleza metodológica, aunque, en
cierto sentido, continúa siendo relativamente
ateórico respecto a sus mecanismos explicativos
más profundos. La DP logra identificar qué hacen
aquellos individuos o familias que alcanzan
resultados más favorables dentro de contextos
adversos compartidos; sin embargo, no siempre
consigue explicar con claridad por qué ciertas
personas, aun habitando condiciones objetivas
Nota: Elaboración propia basada en Antonovsky (1987), Mittelmark et al. (2016), Pascale et al. (2010).
Tabla 1. Análisis Comparativo: Salutogénesis y Desviación Positiva en Dimensiones Clave
Dimensión Salutogénesis Desviación Positiva
Pregunta fundamental ¿Qué genera salud? ¿Por qué
algunas personas prosperan?
¿Quién ya lo resuelve dentro
de la comunidad y cómo?
Lógica epistémica Basada en activos y recursos Basada en prácticas exitosas
disponibles localmente
Marco de resultado
Continuo ease/dis-ease;
movimiento hacia polo de
salud
Reducción de la brecha entre
desviantes positivos y el resto
Mecanismo
explicativo central
SOC + GRRs como
determinantes del movimiento
en el continuo
Prácticas conductuales
específicas identificadas
empíricamente
Metodología de
intervención
Marco teórico orientador;
menos prescriptivo en lo
metodológico
PDI: metodología participativa
sistematizada y replicable
Gestión comunitaria Central: el SOC es orientación
activa hacia la vida
Central: la solución reside en
la propia comunidad
Temporalidad Proceso longitudinal (ciclo
vital)
Intervención contextual
escalable (semanas a meses)
Cambio conductual Vía experiencias reiteradas de
manejo exitoso de tensiones
Vía práctica activa ('actuar
hacia una nueva forma de
pensar')
Dimensión cultural
El SOC es universal en su
mecanismo; contextual en
contenido
Las prácticas PD son
inherentemente locales y
culturales
Escalamiento
Marco aplicable
universalmente; no prescribe
permite escalamiento
Metodología escalada en >45
países; protocolos establecidos
relativamente similares a las de sus pares,
desarrollan prácticas distintas o logran responder
de otra manera frente a la adversidad cotidiana. Y
es precisamente allí donde la salutogénesis parece
aportar una capa explicativa particularmente útil.
Los llamados desviantes positivos podrían ser
comprendidos, al menos parcialmente, como
individuos con un Sentido de Coherencia
más robusto. Sus entornos les resultan más
comprensibles (consiguen “leer”, interpretar o
descifrar mejor el ambiente nutricional que los
rodea); las demandas cotidianas aparecen como
relativamente más manejables (perciben que
todavía existen recursos locales disponibles, aun

106Tomas Marcelo Nicolalde Cifuentes, et al.Vol. 17 Número 1 2026
dentro de escenarios de escasez); y el cuidado
de la salud de sus hijos conserva un significado
suficientemente importante como para justificar
el esfuerzo adicional que dichas prácticas exigen.
Sin embargo, Antonovsky insistía en que un
SOC elevado no constituye un atributo innato
ni una especie de ventaja psicológica natural.
Más bien, emerge lentamente a través de
experiencias acumuladas de afrontamiento
relativamente exitoso, mediadas por los Recursos
de Resistencia Generalizados (GRRs). Y quizás
allí aparece uno de los puntos de convergencia
más interesantes entre ambos marcos: los GRRs
terminan constituyendo, en términos bastante
concretos, el sustrato cotidiano sobre el cual
emergen muchas de las prácticas identificadas
posteriormente por la DP.
Cuando una madre considerada desviante
positiva busca activamente alimentos nutritivos
disponibles localmente, mantiene ciertas
rutinas de higiene o moviliza redes familiares
y comunitarias de apoyo, no solamente está
ejecutando conductas “correctas” desde un punto
de vista nutricional; en el fondo, está activando
recursos específicos que le permiten responder
de manera distinta frente a condiciones
estructurales compartidas. La salutogénesis, en
este sentido, aporta algo que la DP, por sí sola,
no siempre consigue desarrollar plenamente:
un lenguaje conceptual capaz de sistematizar y
explicar dichos recursos sin reducirlos únicamente
a decisiones individuales aisladas.
Lo que la DP aporta a la salutogénesis
La salutogénesis, al menos en su desarrollo
histórico inicial, parece haber sido
considerablemente más rica en formulación
teórica que en metodología concreta de
intervención. Antonovsky logró identificar ciertos
mecanismos vinculados a la generación de salud;
sin embargo, su modelo no termina de explicar
con precisión cómo activar dichos mecanismos
dentro de comunidades específicas, atravesadas
por realidades culturales, económicas y sociales
profundamente distintas entre sí. Y es justamente
allí donde el enfoque de Desviación Positiva
parece llenar un vacío importante.
La PDI funciona, en términos bastante concretos,
como un procedimiento sistemático que, aplicado
desde una orientación salutogénica, permite
identificar empíricamente qué Recursos de
Resistencia Generalizados (GRRs) se encuentran
realmente operando dentro de una comunidad
determinada. En cierto sentido, la teoría de
Antonovsky consigue categorizar estos recursos,
pero no siempre logra particularizarlos dentro de
escenarios cotidianos específicos. La DP, por el
contrario, desciende hacia la práctica concreta
y busca rastrear cómo dichos recursos aparecen
encarnados en hábitos, rutinas y pequeñas
decisiones diarias que muchas veces pasan
inadvertidas para los modelos tradicionales de
intervención.
Más interesante todavía resulta el hecho de
que el propio proceso de intervención PD/
Hogar parece fortalecer, casi silenciosamente,
los tres componentes del SOC sin necesidad
de nombrarlos explícitamente. La comunidad
comienza a desarrollar una mayor
comprensibilidad (entender por qué ciertas
prácticas funcionan), una sensación más sólida
de manejabilidad (reconocer que todavía existen
recursos locales disponibles) y, finalmente, una
mayor significatividad (percibir que el esfuerzo
cotidiano vinculado al cuidado y la alimentación
realmente vale la pena). Todo esto ocurre,
además, no a través de una transmisión vertical
de conocimiento abstracto, sino mediante la
práctica reiterada, la experiencia compartida
y el descubrimiento relativamente endógeno
de soluciones ya presentes dentro de la propia
comunidad.
En el fondo, el principio salutogénico según el cual
el Sentido de Coherencia se construye mediante
experiencias reiteradas de manejo relativamente
exitoso de la tensión parece encontrar, en las
sesiones PD/Hogar, una de sus expresiones
prácticas más claras y visibles.
El Modelo SAL-DP y Una Propuesta de Marco
Integrador
Fundamento y Denominación
Se propone denominar Modelo SAL-DP a la
síntesis teórica desarrollada en este trabajo.
No se trataría, en rigor, de una fusión arbitraria
ni de una simple acumulación de conceptos
provenientes de distintos marcos, sino más bien
de una articulación relativamente orgánica en
la que cada enfoque parece operar justamente
en el nivel donde muestra mayor fortaleza. La
salutogénesis funcionaría principalmente como
soporte epistemológico y horizonte explicativo
del modelo; mientras que la Desviación Positiva
aportaría la dimensión metodológica vinculada
a la investigación-acción y a la intervención
comunitaria concreta.

107p. 99-113
ARTICULACIONES ENTRE SALUTOGÉNESIS Y DESVIACIÓN POSITIVA PARA UN MARCO
TEÓRICO - CONCEPTUAL INTEGRADO EN LA NUTRICIÓN COMUNITARIA ANDINAVol. 17 Número 1 2026
Existe, en cierto sentido, una complementariedad
casi natural entre ambos enfoques. Uno permite
comprender los mecanismos mediante los cuales
ciertos individuos o comunidades logran sostener
procesos de salud aun dentro de escenarios
adversos; el otro ofrece herramientas prácticas
para identificar, visibilizar y eventualmente
reproducir aquellas conductas exitosas ya
presentes dentro de la propia comunidad. La
denominación SAL-DP intenta hacer explícito
precisamente ese doble anclaje, facilitando no
solamente su identificación conceptual, sino
también la posibilidad de trasladar el modelo
hacia escenarios empíricos concretos.
Principios Orientadores
El Modelo SAL-DP se sostiene sobre una serie de
principios tanto epistemológicos como prácticos
que intentan orientar, de manera relativamente
coherente, la lógica general del marco propuesto.
El primero de ellos podría denominarse principio
de positividad epistémica. Esto implica que tanto
la pregunta de investigación como la intervención
misma dejan de partir exclusivamente del déficit,
la carencia o la patología; y comienzan, más
bien, a dirigirse hacia los recursos, fortalezas
y prácticas exitosas ya existentes dentro de la
comunidad. La cuestión central deja entonces de
ser únicamente qué le falta a la mayoría, para
desplazarse hacia algo ligeramente distinto:
¿Qué permite que ciertas familias consigan
prosperar aun dentro de condiciones
estructuralmente adversas?
A ello se suma un segundo principio, relacionado
con la idea de inmanencia comunitaria. Las
respuestas no son concebidas como algo que
debe ser completamente importado desde
afuera, ni como conocimiento exclusivamente
técnico producido por expertos distantes de
la realidad local. Más bien, se parte de la idea
de que muchas de las soluciones ya existen,
aunque dispersas, invisibilizadas o socialmente
subestimadas, dentro de la propia comunidad.
El rol del agente externo, bajo esta lógica, no
consiste tanto en imponer respuestas ajenas,
sino en facilitar procesos de identificación,
reconocimiento y circulación de prácticas locales
exitosas. Existe aquí, además, un reconocimiento
implícito del conocimiento comunitario como una
forma legítima de recurso epistémico.
El modelo incorpora también un principio de
continuidad salutogénica. El objetivo no se limita
simplemente a reducir la enfermedad o contener
el daño, sino a favorecer un desplazamiento
relativamente sostenido hacia el polo de mayor
salud dentro del continuo ease/dis-ease. Bajo
esta mirada, fortalecer el Sentido de Coherencia
(SOC), tanto a nivel individual como colectivo,
constituye menos un resultado puntual y más
un proceso dinámico, progresivo y nunca
completamente terminado.
Otro principio fundamental es el de contextualidad
étnico-cultural. Los Recursos de Resistencia
Generalizados (GRRs) y las prácticas identificadas
por la DP no pueden ser comprendidos de
manera abstracta o universal, desvinculados
de los contextos específicos donde emergen.
Particularmente dentro de comunidades
indígenas andinas, los recursos de resistencia
suelen incluir dimensiones profundamente
vinculadas al saber local, a la alimentación
ancestral, a las prácticas tradicionales de cuidado
y a las estructuras comunitarias de reciprocidad.
Desde esta perspectiva, dichos elementos dejan
de ser interpretados como simples expresiones
“folclóricas” o barreras para el desarrollo, y
comienzan a ser reconocidos como activos
potenciales dentro de los procesos de salud
comunitaria.
Aparece también el principio de agencia
participativa. La comunidad no es concebida
como un objeto pasivo de intervención, sino
como sujeto activo del proceso mismo. El
fortalecimiento del SOC colectivo, entendido
aquí como una forma de empoderamiento
comunitario, funciona simultáneamente como
medio y como finalidad de la intervención. En
otras palabras, el proceso importa tanto como
el resultado obtenido.
Finalmente, el modelo incorpora un principio
de sostenibilidad endógena. Las intervenciones
alcanzan mayores posibilidades de permanencia
cuando logran movilizar recursos ya existentes
dentro de la propia comunidad, evitando
depender de manera permanente de insumos
externos, financiamiento inestable o estructuras
institucionales difíciles de sostener en el
tiempo. Este aspecto adquiere una relevancia
particularmente crítica en contextos de alta
ruralidad y acceso limitado a recursos estatales
o institucionales.
Arquitectura Operativa
El Modelo SAL-DP opera a través de cuatro
niveles relativamente articulados entre sí, los
cuales corresponden, en términos generales, a

108Tomas Marcelo Nicolalde Cifuentes, et al.Vol. 17 Número 1 2026
distintas fases de un proceso de investigación-
acción comunitaria. El primero de ellos podría
entenderse como una etapa de diagnóstico
salutogénico orientado por la lógica de la
Desviación Positiva. Aquí se combinan las
evaluaciones antropométricas convencionales
(particularmente la identificación de desviantes
positivos mediante Z-scores, procurando controlar
las diferencias socioeconómicas) con la evaluación
del Sentido de Coherencia comunitario mediante
el cuestionario SOC-13 (Antonovsky, 1993),
además del mapeo participativo de los Recursos
de Resistencia Generalizados disponibles dentro
de la comunidad. El resultado termina siendo
un diagnóstico que no solamente pregunta
quién logra prosperar dentro de un contexto
adverso, sino también con qué recursos, apoyos
o prácticas lo consigue; una doble pregunta que
los modelos nutricionales tradicionales rara vez
formulan simultáneamente.
El segundo nivel corresponde a la Indagación
de Desviación Positiva orientada desde una
perspectiva salutogénica. La PDI clásica es
enriquecida aquí mediante una lectura centrada
en los GRRs. Cuando se investigan las prácticas
desarrolladas por las familias consideradas
desviantes positivas, el interés ya no recae
únicamente en las conductas visibles, sino
también en los recursos que permiten sostenerlas.
El análisis deja entonces de ser exclusivamente
conductual (¿qué hacen?) y comienza a incorporar
una dimensión más estructural (¿qué recursos
logran activar para hacerlo?). La categorización
de GRRs (biológicos, psicológicos, interpersonales
o culturales) funciona, en este sentido, como una
guía para organizar e interpretar los hallazgos
cualitativos obtenidos durante el trabajo
comunitario.
El tercer nivel corresponde a la intervención
PD/Hogar propiamente dicha, aunque diseñada
deliberadamente para fortalecer los distintos
componentes del SOC. Las sesiones buscan
aumentar la comprensibilidad (explicar por
qué determinadas prácticas funcionan y cuáles
son sus efectos), la manejabilidad (mostrar
que los recursos necesarios continúan estando
disponibles dentro de la propia comunidad)
y la significatividad (vincular dichas prácticas
con valores culturales, memorias comunitarias
e incluso con nociones como el Sumak Kawsay
dentro del contexto kichwa). En consecuencia, la
dimensión intercultural deja de ser un elemento
decorativo o complementario y pasa a ocupar un
lugar central dentro del diseño de la intervención.
Finalmente aparece el cuarto nivel, relacionado
con la evaluación del movimiento dentro del
continuo salutogénico. La medición de resultados
incorpora indicadores antropométricos clásicos,
como Talla/Edad Z, Peso/Edad Z o BMI/Edad Z,
pero también medidas vinculadas al SOC (pre
y post intervención) e indicadores cualitativos
relacionados con la activación de GRRs
comunitarios. Bajo esta lógica, la evaluación deja
de limitarse exclusivamente a los cambios físicos
observables y comienza a incorporar dimensiones
relacionadas con el fortalecimiento progresivo
de la agencia comunitaria. En otras palabras, el
modelo intenta distinguir entre modificaciones
conductuales de corto plazo y procesos más
lentos, aunque posiblemente más profundos,
vinculados al fortalecimiento colectivo de la
capacidad comunitaria para sostener salud en el
tiempo.
Aplicación al Contexto de Chimborazo; Un
Reencuadre Salutogénico
El Problema Nutricional en Perspectiva SAL-DP
La provincia de Chimborazo concentra, desde
hace ya varias décadas; de las tasas más
elevadas de desnutrición crónica infantil dentro
del Ecuador. Freire et al. (2022), por ejemplo,
reportaron una prevalencia de retardo en talla
del 51.6 % en una muestra de niños indígenas
menores de cinco años, identificando factores
como el bajo nivel educativo materno, la pobreza
extrema, la inseguridad alimentaria, el acceso
limitado a servicios de salud y las condiciones de
alta ruralidad como elementos particularmente
relevantes dentro del fenómeno. Sin embargo,
reducir el problema únicamente a una
enumeración técnica de variables probablemente
sería insuficiente; porque Chimborazo no es
solamente un territorio estadístico, sino también
un espacio atravesado por condiciones históricas,
geográficas y culturales profundamente
específicas.
Gran parte de estas comunidades habita la
cordillera andina a altitudes cercanas a los
3,900 m s. n. m., en paisajes donde el frío, la
hipoxia y la distancia respecto a los centros
urbanos forman parte de la experiencia cotidiana
misma. La hipoxia crónica y sus efectos sobre
el eje GH-IGF-1 incorporan, ciertamente, una
complejidad fisiológica adicional al crecimiento
infantil; aunque, en el fondo, el problema parece
ir mucho más allá de lo puramente biomédico.
Existe allí una convergencia lenta y persistente
entre desigualdad estructural, aislamiento

109p. 99-113
ARTICULACIONES ENTRE SALUTOGÉNESIS Y DESVIACIÓN POSITIVA PARA UN MARCO
TEÓRICO - CONCEPTUAL INTEGRADO EN LA NUTRICIÓN COMUNITARIA ANDINAVol. 17 Número 1 2026
territorial y formas históricas de exclusión que
terminan inscribiéndose incluso sobre los cuerpos
infantiles.
Desde una lógica estrictamente patogénica,
este escenario suele describirse principalmente
como una acumulación progresiva de déficits
y factores de riesgo: pobreza estructural,
inseguridad alimentaria, acceso limitado a
servicios o incluso ciertos patrones culturales
frecuentemente clasificados como “inadecuados”
desde perspectivas externas a la comunidad.
Sin embargo, la reorientación propuesta por el
Modelo SAL-DP no niega la existencia de dichos
determinantes; más bien, los reconoce como
Déficits de Resistencia Generalizados o GRDs.
Pero junto a ellos, intenta observar también algo
que suele pasar relativamente inadvertido: la
existencia simultánea de Recursos de Resistencia
Generalizados o GRRs operando dentro de las
mismas comunidades.
Entre estos recursos aparecen sistemas
tradicionales de reciprocidad andina, como la
minga o los prestamanos; formas locales de
agrobiodiversidad expresadas en granos andinos,
tubérculos y plantas medicinales; estructuras
comunitarias relativamente cohesionadas;
conocimientos ancestrales relacionados con
la alimentación y el cuidado; e incluso marcos
culturales más amplios, como el Sumak Kawsay,
entendido aquí no solamente como una noción
filosófica abstracta, sino también como una
orientación práctica hacia formas más integrales
de bienestar comunitario.
Y quizás allí aparece una de las intuiciones
centrales del modelo. Incluso dentro de
comunidades con prevalencias extremadamente
altas de retardo en talla, continúa existiendo una
minoría de familias cuyos niños logran mantener
trayectorias de crecimiento relativamente
adecuadas, aun compartiendo condiciones
materiales similares al resto de la población.
La evidencia internacional en contextos
comparables parece mostrar este patrón de
manera relativamente consistente. La cuestión,
entonces, deja de ser únicamente por qué la
mayoría no logra desarrollarse plenamente; y
comienza a desplazarse hacia otra pregunta,
ligeramente distinta, aunque posiblemente más
fértil:
¿Qué están haciendo aquellas familias que
consiguen desviarse, aunque sea parcialmente,
del destino estadísticamente esperado?
Identificar a dichas familias, comprender las
prácticas que desarrollan y los GRRs que logran
activar, y facilitar posteriormente la circulación
comunitaria de esas prácticas, constituye, en
términos generales, la agenda operativa del
Modelo SAL-DP para el contexto de Chimborazo.
El SOC en Contexto Intercultural Kichwa
Una consideración particularmente importante
para la aplicación del Modelo SAL-DP dentro de
comunidades kichwa de Chimborazo tiene que
ver con la dimensión intercultural del Sentido
de Coherencia. Antonovsky sostenía que el SOC
funcionaba como un mecanismo relativamente
universal, potencialmente aplicable a distintas
culturas; sin embargo, el contenido concreto
de aquello que cada comunidad considera
comprensible, manejable o significativo se
encuentra profundamente situado dentro
de horizontes culturales específicos. En otras
palabras, el mecanismo puede ser relativamente
universal; pero el modo en que este adquiere
sentido nunca lo es completamente.
Para una madre kichwa perteneciente a una
comunidad rural andina, la comprensibilidad
podría encontrarse anclada no únicamente en
explicaciones biomédicas formales, sino también
en marcos interpretativos provenientes del
propio saber andino. La manejabilidad, por su
parte, puede depender mucho más de redes de
reciprocidad comunitaria, vínculos familiares o
prácticas colectivas de apoyo que de servicios
institucionales frecuentemente distantes o
insuficientes. Y la significatividad, quizás la
dimensión más profunda del modelo, puede
terminar articulándose alrededor de la identidad
étnica, de las memorias culturales compartidas y
de nociones como el Sumak Kawsay, entendido
aquí como una forma de orientación ética hacia
el bienestar integral y comunitario.
Sin embargo, reconocer esta especificidad
cultural no implica caer en formas simplistas
de relativismo ni asumir una postura pasiva
frente al problema nutricional. Más bien,
ocurre precisamente lo contrario. Las
prácticas identificadas mediante el enfoque
de Desviación Positiva son, por definición,
culturalmente aceptables dentro de la propia
comunidad; fueron desarrolladas por madres
kichwa, utilizando alimentos localmente
disponibles y desenvolviéndose dentro de
sus propias estructuras sociales, materiales y
simbólicas. En ese sentido, una aplicación del
Modelo SAL-DP que resulte verdaderamente

110Tomas Marcelo Nicolalde Cifuentes, et al.Vol. 17 Número 1 2026
respetuosa del contexto intercultural no
comienza imponiendo soluciones externas
desde una racionalidad técnica ajena al
territorio; comienza, más bien, intentando
identificar aquello que ya funciona, aunque
sea de manera parcial, dispersa o silenciosa,
dentro de la comunidad misma.
Existe además otro aspecto particularmente
interesante. La articulación del Modelo SAL-DP
con herramientas como el Proceso de Atención
Nutricional (PAN) y la Intervención Motivacional
Nutricional (IMN) abre la posibilidad de una
integración institucional relativamente directa.
La IMN, orientada al fortalecimiento de la
agencia y de la motivación familiar frente a
cambios alimentarios sostenidos, parece operar,
aun sin nombrarlo explícitamente, sobre los
tres componentes fundamentales del SOC:
la comprensión de la situación nutricional, la
percepción de manejabilidad frente al cambio y
la construcción progresiva de sentido alrededor
de la alimentación saludable. Bajo esta lógica,
el Modelo SAL-DP terminaría proporcionando un
soporte conceptual relativamente articulado para
prácticas clínicas y comunitarias que, en muchos
casos, ya existen de manera dispersa dentro de
los propios sistemas de atención nutricional.
Implicaciones para la Investigación, la Formación
y la Política
Para la Investigación Nutricional
El Modelo SAL-DP sugiere una agenda de
investigación específica para Chimborazo
que combina metodologías cuantitativas y
cualitativas. En primer lugar, estudios de PDI
en comunidades de la provincia para identificar
prácticas de crianza, alimentación e higiene
de familias con niños bien nutridos dentro de
contextos de alta pobreza, controlando el nivel
socioeconómico mediante el Índice de Desarrollo
Cantonal (IDC) u otros indicadores compuestos
disponibles. En segundo lugar, la adaptación y
validación del cuestionario SOC-13 en versión
kichwa y en contextos rurales andinos, para
explorar la relación entre el SOC comunitario, los
GRRs culturales y las trayectorias de crecimiento
infantil (Talla Edad Z). En tercer lugar, estudios
de cohorte que analicen la relación entre el SOC
materno, la activación de GRRs y las trayectorias
de Talla Edad Z a lo largo de los primeros cinco
años de vida, incorporando la altitud geográfica
como variable de estratificación dado su efecto
independiente sobre el crecimiento.
Para la Formación Profesional en Nutrición
La integración del marco SAL-DP en los planes de
estudio de Nutrición y Dietética implica incorporar
la epistemología salutogénica como fundamento
conceptual de las asignaturas de Nutrición
Comunitaria y Salud Pública, complementando,
sin reemplazar, el enfoque epidemiológico de
riesgo. Formar a los estudiantes en la metodología
PDI como herramienta de diagnóstico comunitario
participativo, aplicable en las prácticas pre-
profesionales en zonas rurales de Chimborazo,
desarrollaría competencias para el diseño de
intervenciones culturalmente sensibles que
reconozcan los GRRs de las comunidades kichwa
como activos de salud. La integración explícita
de la evaluación del SOC, individual y colectivo,
en los protocolos de diagnóstico nutricional
comunitario ampliaría el alcance analítico
de la formación más allá de los indicadores
antropométricos convencionales.
Para la Política de Salud Nutricional
A nivel de política pública, el Modelo SAL-DP
sugiere una reorientación de los programas de
intervención nutricional en Chimborazo: pasar
de programas centrados en la transferencia
de recursos externos (suplementación,
educación nutricional top-down, transferencias
condicionadas) a programas que identifiquen y
escalen prácticas exitosas ya presentes en las
comunidades. Esto implica incorporar el mapeo
de GRRs comunitarios como componente
obligatorio del diagnóstico nutricional territorial,
reconociendo la agrobiodiversidad local, las redes
de reciprocidad andina y los saberes alimentarios
ancestrales como activos de salud. Implica
también diseñar indicadores de evaluación de
programas que incluyan, junto a los indicadores
antropométricos clásicos, medidas del SOC
colectivo y de la activación de GRRs comunitarios,
que puedan capturar tanto los resultados de
corto plazo como los cambios en la capacidad
de gestión comunitaria a largo plazo.
El presente artículo parte de una idea
relativamente sencilla, aunque no por ello
menor: la relación entre salutogénesis y
Desviación Positiva parece ir bastante más allá
de una coincidencia superficial entre dos modelos
parcialmente compatibles. Existe, más bien, una
cercanía conceptual que la propia literatura
especializada ya había comenzado a insinuar de
2. Discusión

111p. 99-113
ARTICULACIONES ENTRE SALUTOGÉNESIS Y DESVIACIÓN POSITIVA PARA UN MARCO
TEÓRICO - CONCEPTUAL INTEGRADO EN LA NUTRICIÓN COMUNITARIA ANDINAVol. 17 Número 1 2026
manera dispersa (Mittelmark et al., 2016), y que
investigaciones recientes empiezan también a
observar desde el plano empírico (Mottershead et
al., 2024). La intención de este trabajo no consiste
únicamente en señalar dichas afinidades, sino
en intentar darles cierta estructura y traducirlas
hacia una propuesta más articulada, el Modelo
SAL-DP, pensada específicamente para dialogar
con las particularidades sociales, culturales y
comunitarias del contexto andino ecuatoriano.
Sin embargo, también conviene reconocer ciertos
límites. El Modelo SAL-DP continúa siendo, por
ahora, una construcción predominantemente
teórica, y todavía no ha sido evaluado
empíricamente como un marco integrado dentro
de la provincia de Chimborazo. En consecuencia,
buena parte de las afirmaciones relacionadas
con su potencial aplicabilidad descansan sobre
evidencias parciales que provienen de distintos
lugares; estudios que implementan metodologías
de Desviación Positiva sin incorporar
explícitamente una lectura salutogénica (Schooley
et al., 2016; Roche et al., 2017); investigaciones
vinculadas a la salutogénesis que no utilizan
herramientas DP; y una literatura conceptual
cada vez más amplia que comienza a sugerir
puntos de encuentro relativamente consistentes
entre ambos enfoques (Mittelmark et al., 2016;
Mottershead et al., 2024). En otras palabras, la
validación empírica del Modelo SAL-DP como
propuesta integrada permanece todavía abierta
y constituye, en sí misma, una agenda de
investigación futura.
La salutogénesis de Antonovsky y el enfoque
de Desviación Positiva de los Sternin son
dos desarrollos intelectuales que comparten
una genealogía epistemológica común, la
insatisfacción con el paradigma patogénico, y que
se complementan de modo orgánico: la primera
provee la arquitectura teórica para explicar por
qué ciertas personas y comunidades prosperan;
la segunda provee la metodología para identificar
a quiénes lo hacen y para transferir sus prácticas.
La síntesis en el Modelo SAL-DP opera en tres
niveles simultáneos: epistemológico (¿desde
qué pregunta miramos la realidad nutricional?),
teórico (¿qué mecanismos, SOC, GRRs, explican
el fenómeno?) y metodológico (¿cómo lo
investigamos y cómo intervenimos?).
Su aplicación al problema de la desnutrición
crónica o retardo en talla en Chimborazo no es
3. Conclusiones
una traslación mecánica sino una adaptación
contextualmente sensible que reconoce la
especificidad del entorno andino-indígena,
valora la agrobiodiversidad local, las redes
de reciprocidad kichwa y el Sumak Kawsay
como GRRs culturales, y coloca a las propias
comunidades como agentes principales del
cambio nutricional.
La pregunta que orienta el Modelo SAL-DP no es
¿qué les falta a estas comunidades?, sino, ¿qué
saben hacer, con qué cuentan, y cómo podemos
aprender de quienes ya lo están haciendo bien?
Esta reformulación, aparentemente simple, tiene
consecuencias profundas para la investigación,
la formación de profesionales y el diseño de
políticas de salud nutricional en contextos de
alta ruralidad y diversidad étnica. La agenda que
convoca es amplia: la presente propuesta espera
contribuir a su articulación conceptual y a motivar
los estudios empíricos que permitan evaluarla y
refinanrla.
4. Declaración de conflicto de intereses
5. Financiamiento
Los autores declaran no tener conflicto de
intereses.
Este trabajo no recibió financiamiento externo.
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